Cada vez que leo un «contácteme» o «contáctenos» en una página web o en un mensaje, me vienen a la mente dos imágenes: una, la de alguien que pide que lo enchufen a algún sitio o le conecten el motor, como si de repente le hubiesen quitado el contacto. La otra imagen es todavía más tonta, la de un chiste que me contó un amigo mexicano hace años (no sé por qué lo relaciono con esto, sinceramente): dos (hombres, mujeres, da igual) se cruzan en unas escaleras mecánicas de unos grandes almacenes yendo en sentido contrario; uno grita «¡llámameeeee!» y el otro le contesta «¡yo tambiéeeeen!». Para entenderlo es mejor pronunciar la primera intervención separando un poco las sílabas – y hasta aquí puedo leer.

Sirvan estas bromas para llamar la atención sobre esa fiebre del «calquismo» que inunda la maraña de páginas de Internet. Sí, a veces es más fácil traducir calcando del inglés palabra por palabra, sobre todo si uno prefiere usar el cerebro para otras cosas o incluso no usarlo para nada. Pero no solo es más fácil: también es más feo, más incorrecto, menos español. Según el buscador Google, la equivalencia más común de «contact us for more information» en español es «contáctenos para más información» (2.790.000 resultados), pero eso no quiere decir que sea correcta, sino solamente que se escribe más a menudo que la versión «póngase en contacto con nosotros para obtener más información» (886.000 resultados). Si tenemos problemas de espacio en la página web o en el mensaje o donde sea, siempre podemos acortar la frase sin llegar a desnaturalizarla: «si desea más información, contacte con nosotros», aunque cuente con muchos menos adeptos (155.000 resultados).

Tampoco puedo evitar mencionar otra patada que a menudo se da al diccionario con la misma pierna: las traducciones de «email» (o «e-mail», «electronic mail»). ¿Para qué esforzarnos gastando aire, tinta o pulsaciones de teclado con «un mensaje de correo electrónico», cuando tenemos las opciones más cortas y más chic de «un *email» (pronunciado «imeil», eso sí) y «un *mail» («meil»)? O sus correspondientes calcos «*un correo electrónico» o «*un correo», que no hacen sino convertir en contable un sustantivo que no lo es. Más divertida me parece la versión callejera «un emilio», pero claro, era difícil que triunfase una palabra con tan poco glamour.