Hace tiempo supimos de los cambios que proponía la RAE para algunos topónimos (Catar, Irak). Ahora leo en el número 127 del boletín de los traductores españoles de las instituciones de la Unión Europea (puntoycoma) un artículo de Miquel Vidal (de la Comisión Europea) titulado “Sorpresas de una toponimia a contracorriente”, en el que hace un interesante análisis de estos cambios.

Efectivamente, la RAE propone en el apéndice 5 de la Ortografía de la lengua española una serie de cambios en la grafía de algunos países, capitales, gentilicios y monedas, con el fin de facilitar su pronunciación. La intención de esta institución es “españolizarlos” un poco, es decir, generar y generalizar usos equivalentes a los tradicionales Londres (por London), París (por Paris) o Pekín (por Beijing o 北京), tal y como se hace en otros idiomas (Barcelone, Seville, Pékin, Rome, 马德里 [Madrid], etc.).

En principio la idea no es mala, porque todos sabemos que el nivel de conocimientos lingüísticos de los españoles es bajo en general, y más aún a la hora de pronunciar idiomas extranjeros. Muchos casos de los que proponen tienen sentido (yo escribo Ámsterdam desde hace tiempo), pero en otros casos va a resultar muy difícil reconocer a qué sitio se refiere: Daca (antiguo Dakha), Timbú (Thimphu), Nom Pen (Phnom Penh). (Menos mal que esta norma no estaba en vigor cuando estuve en Camboya, porque no habría reconocido su capital.)

En otros casos el cambio simplemente me parece absurdo: Irak (por Iraq), Baréin (Bahréin), Bután (Bhután), Taskent (Tashkent), Deli (Delhi), Washington D.C. (Washington), Bangladés (Bangladesh), Catar (Qatar). ¿Era realmente necesario quitar a nuestra lengua este toque de exotismo? Además, como comenta Miquel en su artículo, ¿por qué se respetan combinaciones de letras como “sch” o “sh” en palabras occidentales y no cuando se trata de países africanos o asiáticos? Él habla de diferente rasero con los antiguos protectorados. Yo lo llamo simplemente incoherencia y despropósito.

Por cierto, ni el apéndice de la Ortografía ni el artículo de Miquel Vidal mencionan casos como el de Shanghái, que es la única grafía aceptada por la RAE. Si aplicásemos las normas que propone en otros casos, deberíamos escribir Sanjái (en chino 上海, en pinyin Shàng-hǎi). ¿Se atreverán a tanto?