A los 14 años ya me leía los artículos de la Enciclopedia Larousse que hablaban de idiomas, de cualquier idioma, cuanto más raro, mejor. Me hacía listas de palabras en varias lenguas y buscaba los sitios donde se hablaban, soñando con viajar a ellos y, cómo no, hablar con sus habitantes en sus propios idiomas. Al final solo estudié unos cuantos (inglés, francés, italiano, chino, alemán, portugués, algo de neerlandés, algo de japonés, algo de ruso); en distintos niveles, claro. Pero la curiosidad sigue ahí y ahora ya cuento con la experiencia de haber viajado bastante y escuchado algunos de los idiomas más raros del mundo: el mongol, por ejemplo, que oía hablar a un compañero de clase cuando viví en China y que suena como si estuvieran masticando cristales, con todos los respetos; o el jemer, que en Angkor Wat no conseguí pronunciar ni teniendo un libro de frases (siempre procuro llevar uno allá donde esté), lo que provocaba las risas de los lugareños. Me fascina la diversidad lingüística de Papúa Nueva Guinea, sobre la que hice un estudio y, por supuesto, los entresijos de los caracteres del chino y del japonés, lenguas que no se llegan a aprender nunca del todo.

Después de buscar palabras de lenguas raras me dedicaba a pelearme con otro lenguaje: Basic. Con mi ordenador ZX Spectrum + (que era mucho menos potente que el móvil más barato de ahora) creaba juegos sencillos, bases de datos para los elepés de vinilo y los libros de toda la familia, programas en los que se veían campos de distintos deportes (con sus medidas exactas y sus colores). Además me quedaba tiempo para devorar libros, para mis actividades políticas, para tocar la guitarra y el teclado y, por supuesto, para escribir relatos y cuentos. Y sí, era buen estudiante y tenía mucha vida social, así que ahora pienso: ¿cuántas horas tenían los días en los 80?

Pues seguro que muchas menos que ahora, porque se me terminan los días sin darme cuenta, entre las traducciones (sobre todo de inglés, también juradas; a veces de chino, portugués, italiano, francés o alemán), alguna revisión o corrección, los encargos de ingeniería de localización, los retoques de la web, mis pinitos con la música por ordenador (Ableton es lo más), los paseos con Ringo… y por supuesto mis incursiones por las redes sociales. (Edito:) Desde hace un tiempo también me dedico a la enseñanza del inglés en la Universidad de Alicante y como interino en escuelas oficiales de idiomas (empezando por la de Elda).

Me gustaría que este blog fuese un foro abierto, donde todo el mundo pueda escribir sobre cuestiones lingüísticas, principalmente sobre las palabras, las ideas que representan, los idiomas en que se usan esas palabras y las personas que trabajan con todo eso, que son muchas (traductores, revisores, redactores, correctores, traductores jurados, ingenieros de localización, gestores de proyectos, subtituladores…).

No me interesan sólo las opiniones de los profesionales del lenguaje, sino también (y sobre todo) de los usuarios del lenguaje, que son mayoría… casi siempre aplastante :).

¡Suerte!

Francisco Pérez Escudero

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